martes, 14 de julio de 2015

Querido Hospital Universitario del Valle

Querido Hospital Universitario del Valle,
 
Van a ser diez meses ya desde la última vez, que vistiendo un uniforme, y armado de fonendo y cuadernos anduve de arriba a abajo recorriéndome los siete pisos de tu imponente estructura de concreto. Aún recuerdo las primeras veces que te recorría, intentando con el mayor disimulo posible, ocultar mi desorientación y muriéndome de la pena cuando un paciente me detenía a preguntarme por direcciones sobre cómo llegar a un servicio en particular y yo no sabía que contestar; hoy a pesar de que ha pasado un buen rato desde la última vez que nos vimos, podría guiar de memoria a cualquier desprevenido a cualquiera de los servicios. Para mi vos fuiste el lugar donde por primera vez y superando todos los temores me atreví a hablarle a un extraño para preguntarle por sus dolencias, por su vida y su quehacer, vos me enseñaste a interesarme por desconocidos y de ahí en más no he podido parar en esta pasión de conversar con pacientes cada día, sobre enfermedad, pero también sobre la vida misma y conocer sus vicisitudes.

En un sistema cada vez más viciado, vos me enseñaste que la atención médica se inicia con un saludo de lo más cordial y un mucho gusto en qué le puedo ayudar, pusiste, por la filosofía de tu existencia, en mi último renglón de prioridades saber cuál es el carné que tiene tal o cual paciente, me enseñaste que a la gente se le atiende por su condición de persona, se le atiende por el hecho de estar vivo, me enseñaste que la salud es para todos independiente de la raza, el sexo o la plata con la que se ande en el bolsillo, me enseñaste a tratar con equidad a cada quien, porque en medio de tus limitaciones le ofreces a todo el que cruce tu puerta lo mejor que tenés para dar.

Vos, vos me enseñaste a dormir en una rimax, me enseñaste a acomodar un colchoncito en el suelo y que se convirtiera en el mejor lugar de descanso, me enseñaste a cerrar un ojo y dejar el otro abierto por si algún paciente me necesitaba, me enseñaste la humildad, de que acá ni por ser médico ni nada no se hacen cosas, me enseñaste que las urgencias no dan espera y que si para salvar una vida he de ser yo el que empuja una camilla, el que patina los paraclínicos o que sale corriendo con una muestra, no pasa nada, que una vida es una vida y yo estoy para servir. Me enseñaste esa vocación de servicio, me enseñaste que por quien sea se hace lo que sea, me enseñaste a guerrearla en las malas, me enseñaste a trabajar con lo que haya y aun así sacar las cosas adelante, me enseñaste las imperfecciones del mundo, me mostraste la cara del dolor de la muerte, me enseñaste la violencia de nuestra gente, me dejaste ver la pobreza, la necesidad, la impotencia, y la frustración, pero también me mostraste lo que es la gratitud, me hiciste recibir bendiciones de desconocidos, me regalaste sonrisas y gracias, me obligaste a poner buena cara incluso en los peores momentos y me demostraste que siempre hay algo más que se puede hacer.

Me venís doliendo hace mucho tiempo, me tenés sufriendo desde que nos conocemos, por tus crisis, porque te has dedicado a dar, me diste a mi tantas cosas que le habías dado a tantas generaciones que me precedieron, porque el próximo año cumplís 60 de tener tus puertas abiertas para aliviar las dolencias del que cruce el umbral, 60 años de formar a algunos de los mejores profesionales en salud del País. Porque así como durante 3 años fuiste mi casa, en donde pase la mayor parte del tiempo, en donde lloré por mi primera vez cara a cara con la muerte, en donde reí y reí mucho por mis amigos y mis pacientes, porque con vos no se puede tener más que cariño y sentido de pertenencia, porque vos a haces que cada paciente en mi vida diaria no sea “el paciente” sino “Mi paciente”, vos me enseñaste eso, y llevas casi 60 años dedicado a dar y ahora, ahora en esta inmediatez de los irresponsables que nos gobiernan, quieren borrar de un tajo todo los que vos has hecho. Somos unos desmemoriados, perdonanos por ingratos.

¿Sabes? Yo te entiendo, entiendo que ahora estés en una crisis aun peor que otras, llevas años gritando por ayuda y aunque cada embate parece más fuerte, llevas resistiendo y manteniéndote en pie para luchar por lo que es tu misión cotidiana, atender sin mirar a quien, salvar vidas y formar, formar profesionales pero también formar personas. Pero parece que nadie escucha tus gritos, y cada vez me convenzo más de que hay quienes están interesados en acallarte, en dejarte sin voz, sin aliento y quieren obligarte a cerrar tus puertas, porque vos que tan poco te has interesado por ese cuento de la rentabilidad, ahora sos blanco de sabrá quienes que se han encargado de convertir esto del Derecho a vivir en el negocio de la enfermedad.

Ya no camino por tus pasillos, pero te pienso, te añoro, te extraño y no sabes las ganas que me dan de volver a andar por ahí, dejando que me enseñes, dejando que me mejores, dejando que sigas siendo esa influencia que ya fuiste en mi vida para convertirme en lo que soy hoy. Es que sos tan fácil de querer. Hoy te tengo que decir, que no te rindas, hoy te diré que le contaré esta historia a quien se me cruce en frente, hoy te diré que me dolés como si fueras parte de mi familia más cercana, debe ser porque lo sos.

Tengo que pedir el favor de la fortuna para que mi palabras, que te dedico a vos, a quien tanto le debo, lleguen a los oídos hasta ahora sordos de aquellos que mueven los hilos de poder, de aquellos que pueden salvarte, ojalá y me lea -que se yo- el ministro, el senador, el representante o el Presidente, ojalá y me lea alguien, ojalá y me lean todos los que como yo te quieren, te extrañan y te sufren, porque vos simplemente no podes cerrar, no te podes apagar y dejar que unos irresponsables, insensatos y cortos de vistas le arrebaten al País lo que vos significas. Vamos a dar la pelea, intentaré convencerlos a todos de que la demos, intentaré que después de que a tantos nos has dado, recibas el cariño de tan si quiera algunos de los que tanto te debemos.

Vos mientras tanto, vos entre tanto, mi querido HUV, seguí fuerte, seguí luchando, como has venido haciendo, y ojalá entre todos los que tanto te debemos, y a los que nos enseñaste a suturar, logremos encontrar la manera de pararte el sangrado, de estabilizarte, de irte quitando poco a poco medicamentos y dejarte nuevamente estable. No va a ser fácil, pero esperemos que se pueda, mirá que con cariño se puede, y yo sé que al menos eso, cariño, muchos podemos darte, yo te necesito para que sigas haciendo lo que haces, pero sobre todos los pacientes, las personas, los más desfavorecidos, te siguen necesitando para que los dejés atravesar tus puertas y contar sus dolencias por el solo hecho de existir, ser y estar aquí presentes y que vos, con ese ejército que tenés trabajando en tu interior, hagas lo que mejor sabes hacer : Sanar.

Con cariño, mi voz de aliento y un nudo en el pecho,

Diego Cruz,
Médico Egresado de la Universidad del Valle.

#YoSoyHUV #HUV+

miércoles, 30 de octubre de 2013

Crónica de una ilusión – Parte I

La resignación es un suicidio cotidiano” H. Balzac


En masa, más de lo esperado, nos fuimos reuniendo, éste es el segundo día y hoy somos más que ayer, en masa, más de lo esperado, nos sorprendimos declarando cese de actividades de forma permanente, creando comités, saliendo en periódicos, siendo portadas del diario matutino gratuito, apareciendo en internet y siendo citados en múltiples artículos.

Van dos días de sorpresas, nos sorprendimos al organizarnos, nos sorprendimos con nuestra unión y nos sorprendimos yendo en masa, más de lo esperado, a esperar al Señor Ministro de la Imposible, ese que no sabemos ¿De qué se ríe, de que se ríe?, a la puerta de un hotel, y de nuevo nos sorprendimos cantando y armando una fiesta, de alegría inagotable, cantos, consignas, arengas; un tambor marcando el ritmo y un clamor constante, nos sorprendimos invadiendo de un momento a otro las calles de Cali, a la vera del río nos echamos a andar, con la luna dando sus primeras luces, con un amago de lluvia que no amedrentó una voluntad conjunta, nos sorprendimos, en masa, más de los esperado, marchando de nuevo con la bata de nuestra profesión como estandarte.

Nos sorprendimos con los pulgares en alto de los conductores, a pesar del trancón que les creamos, nos sorprendimos con los pitos amigables de la gente en sus autos, nos sorprendimos con la colaboración de los agentes de tránsito, nos sorprendimos al ver que nuestra causa parece justa y no lucimos como loquitos deambulantes, persiguiendo molinos de viento y cazando gigantes de improbable existencia, nos sorprendimos gritando y sabrá Dios de donde sacamos las fuerzas.

Me sorprendí con la creatividad a flor de piel y creo, que en masa y más de lo esperado, nos seguiremos sorprendiendo cada nuevo día y, a juzgar por las últimas horas, cada nueva noche.



sábado, 26 de octubre de 2013

La libertad de no escribir un cuento: Sobre la Salud en Colombia.

"...usted aprende 
y usa lo aprendido 
para volverse lentamente sabio 
para saber que al fin el mundo es esto 
en su mejor momento una nostalgia 
en su peor momento un desamparo 
y siempre siempre 
un lío ..." 

Mario Benedetti

Me doy la libertad de retomar a este pobre abandonado, náufrago virtual, fruto de mi olvido, para usar sus páginas y dar a conocer un cúmulo de pensamientos no del todo claros, pero que no responden a un relato, sin embargo, dada la afinidad del tema...

Han pasado 6 años y 70 días desde el día que oficialmente me convertí en un estudiante de Medicina, el mismo tiempo más unos meses desde el momento en que decidí que haría de la “Carrera médica” mi profesión. Debo confesar, que no sabía exactamente a que me estaba metiendo, el estilo de vida y la manera de ver el mundo que escogí ese día no me fueron advertidos y los he ido conociendo y dilucidando a lo largo de la aventura universitaria-hospitalaria, que hasta el día de hoy, a pesar de tener todas mis materias aprobadas sin retraso, continúa con turnos, trasnochos y la percepción de que aún soy un ignorante; esa fue la primera lección, este oficio es duro, largo y desgastante desde su formación.

Algunas cosas se han conservado intactas, sin embargo. Hace 6 años cuando me preguntaban “¿Por qué quisiste entrar a medicina?”, la respuesta fue que era la mejor opción que encontraba para influir en la vida de la gente, para dejar una huella en el mundo, ni qué decir… para darme una esperanza de trascendencia. No pretendo ganarme ningún reinado, certámenes en los que, claramente, jamás tendría posibilidades, pero hoy 6 años después la respuesta al porqué me he mantenido en esa decisión, es la misma, bueno quizá sumado a la pequeña dosis de masoquismo que se requiere para verdaderamente amar el arte médico.

¿Reconocimiento? ¿Dinero? ¿Estatus? ¿No son esos beneficios de ser “Dotor”?

Quizá algún día lo fueron, cuando la práctica era privada, las universidades escasas y en consecuencia los ingresos abundantes, quizá en congruencia con ello también, había un reconocimiento popular del accionar social y beneficioso del médico en una comunidad.
Hoy en día somos montones, la plata se la quedan los empleadores, llamados IPS, que en congruencia con las exigencias de los pagadores, llamados EPS, dan 15 minutos para atender a cada paciente sin tener miramiento alguno sobre la calidad del servicio y obligan a los médicos del común a trabajar como mulas, dormir poco, trasnochar mucho y volverse digitadores fantásticos que despachan rápido a la gente para obtener un salario decente.
El sacrificio médico, no es como todos piensan “Quemar pestañas”, esa es la parte sencilla del asunto, porque estudiamos como nadie más lo hace pero qué más da si ese afán por saber y ser cada vez mejores es nuestra razón de vivir, eso no es un sacrificio; es lo que disfrutamos. El sacrificio está en los cumpleaños, navidades, feriados, celebraciones, fiestas, aniversarios, bodas, años nuevos, nacimientos y festividades varias que nos hemos perdido, y nos seguiremos perdiendo porque “Estamos de turno”. Trabajamos incansablemente, y como todos, esperamos una remuneración económica por ello, pero acaso ¿no hay mil maneras distintas a amanecer en un hospital repetidamente para ganarse el pan de todos los días?

Colombia es un país extraño, somos 40 millones de colombianos, la mayoría de nosotros con ingresos promedios, que no nos alcanzan para considerarnos “ricos” y una gran cantidad de “pobres”, sin derecho  a lujos, educación, trabajo u oportunidades. Y hay un grupo de cuello blanco, escogidos por nosotros, que toma decisiones sobre todos nosotros, sentados en sus escritorios millonarios o bien por celular mientras hablan con los minutos de un plan que cubren nuestros impuestos en una camioneta blindada cuyo alquiler también es costeado por los ya mencionados impuestos. Y esos representantes, escogen, eligen, quitan y ponen, y sorprendentemente, una y otra vez lo hacen mal, pensando en ellos y los de corbata, traje y cuello blanco. Mientras tanto nosotros, los que aún no nos graduamos y los que ya tienen cartón, estamos viendo SUFRIR a los colombianos “Curando, calmando y consolando” a los sumidos en la enfermedad, la desesperanza y el dolo, pero eso sí, según el carné que tenga tienen o no derecho a ese beneficio, esperar horas y horas en las puertas de los hospitales es un requisitos y reciber tratamiento mediocres porque los mejores medicamentos no se los autorizan o las deudas del hospital no permiten la disponibilidad es la cotidianidad. Y esos que vienen a nosotros, que hemos llamados pacientes, pierden la paciencia y se enojan, como no, con los médicos. Es una escena de todos los días, una canción de nunca acabar…

Y eso, que hablábamos de los enfermos que llegan al hospital. Que esta nación es tan desigual que en Bogotá en el sector de los Rosales los apartamentos superan los mil millones de pesos, y en la costa pacífica Caucana para llegar a un nivel de mediana u alta complejidad de atención hay que coger lancha rápida y luego bus, un verdadero eufemismo cuando averiguamos que la más rápida de las lanchas rápidas tarda 6 horas en llegar a Buenaventura y luego son 4 horas terrestres más, esa travesía cuesta 100.000 pesos y en la economía de una familia que vive en un palafito eso es una fortuna.

Tal vez, en mi afán por trascender tuve la vista demasiado corta, y no me di cuenta que el objetivo no debía ser médico, por el contrario la meta debía ser Ministro o Congresista a todas estas, para poder tomar decisiones individuales que cambiaran la vida de los colombianos, para reformar la saluda hacia un sistema verdaderamente Universal, donde la amplia cobertura no implique baja calidad y donde, a pesar de que el sostenimiento sea necesario, no haya quien se lucre de por la mala atención ni quien se lleve plata a los bolsillos gracias al caos y la enfermedad de los colombianos, un sistema donde la Oportunidad exista y los enfermos sean de nuevo pacientes y dejen de ser clientes.

Sin embargo, no soy Ministro, ni senador, ni representante, ni si quiera me gané las elecciones escolares cuando estaba en el colegio, pero yo, así como tantos otros, soy un estudiante de medicina, o un médico, o un enfermero, o un auxiliar, y vivo todos los días los desastres del sistema, los muertos por el caos, los efectos adversos por el “no hay” y las esperas eternas porque “no autorizan”… Y si me pusiera a pensar en cada caso, tomaría fluoxetina día sí y día también.

Y al pensarlo mejor, soy un colombiano, de los que tenemos ingresos promedios y soy un PACIENTE, porque un día, de cualquier mal me enfermaré y seré atendido por este sistema caótico y sin sentido, de lucro para unos pocos y mala atención para la mayoría, mi familia está llena de pacientes actuales y pacientes potenciales y el círculo crece y descubro que la Salud es de todos y es un Derecho que nos merecemos por el simple hecho de vivir en esta patria.

Yo me harté de querer que las cosas cambien y que no pase nada, me harté de echar madres ante la ineficiencia y de maldecir a cuanta EPS existe, me harté de ver la indiferencia en los ojos de todos y el conformismo en la frase de “siempre ha sido así y nunca cambiará” Quizá ha llegado la hora de que recordemos que el poder de aquellos que escriben leyes y aprueban y cambian y deliberan en el “Honorable congreso”, lo hemos otorgado nosotros, y en consecuencia tienen que rendirnos cuentas y trabajar a nuestro favor y no en nuestra contra.

No sé, si esto signifique que ha llegado el momento de marchar… pero significa inequívocamente que antes de ser Ministro o lo que sea, es mejor ser parte de una horda de colombianos que exigirá sus derechos de manera incansable para lo que nos corresponde, para recordarles a todos que este país es nuestri, que los de cuello blanco son minoría y al final del cuento nuestro inconformismo vale más que su corbata de moda.

miércoles, 19 de junio de 2013

El Pan nuestro de cada día

El hambre es la mayor de las miserias.

Era un día  como cualquiera, de salir a guerrearse el pan de cada día , que no gana con Padresnuestros, sino con el calzado "llevelo barato, mire este par y pruébelo sin compromiso" quien diría que hoy sería el día de la mala hora en que una buena racha de ventas termina en el desafortunado evento de la pérdida  súbita que genera la inversión mas insegura que existe en esta ciudad; la de salir a andar la calle, que como beneficio como mucho baja la arepa de la media tarde y como perjuicio arranca la platica de las manos, en un afán por conservar la integridad física y ante el adagio de que más  vale la vida, sobre todo cuando deciden un par de extraños armados de puñales con marcas de víctimas previas.

"Que la plata es efímera, decía mi abuelita" y ojalá el hambre también , por que hoy habrá  comida pero en la mañana del día por porvenir la escasez hará presencia y pondrá su firma, de forma bien notoria cuando la Mija vaya a sacar la copia del Carne de la EPS, y se le baje el azucar y la tensión y hasta la bilirrubina, tan bajitas que la Mija va a dar al suelo, porque al Padrenuestro de sus hijos y traedor del pan de cada día, lo agarraron a golpes le quitaron lo del pan de dos dias, lo dejaron de Hospital y se va de cirugía.
"Pobrecito su papaito con la cara desfiguradita, salga a trabajar mijo, que el colegio no nos da pa'l pan nuestro de cada día"

viernes, 4 de mayo de 2012


Dos cabezas en un día

I was born a child of grace
Nothing else about the place
Everything was ugly but your beautiful face
And it left me no illusion
U2

No suelo hacer reflexiones tan profundas, pero tengo mis ratos, cuando recuerdo que ya no recuerdo la mitad de mi vida, que probablemente el 80% de mi tiempo haya transcurrido mientras hacía cosas irrelevantes, que el tiempo solo pasaba y la vida pasaba de mi cada vez que podía.

Las paredes se ven blancas, el sol brilla afuera, es un día caluroso en la ciudad, uno como para celebrar el hecho de que finalmente sea viernes ¿Cuánto llevaba la humanidad esperando por este día? El ciclo es el mismo 4 días de angustia y espera constantes, de deseo permanente por pensar cuando llegará el viernes, luego viene el viernes mismo con su emoción, el sábado con su entusiasmo y finalmente el  día-del-sol hace su aparición para curar la resaca de tanta emoción y libertad, nos  recuerda cada semana que el ciclo está a punto de volver a comenzar.

Mientras el rey sol se dedica a iluminar las calles afuera, a tentar de piscina a los incautos, a hacer huir a las temerosas del cáncer de piel, a hacer sollozar a las glaciares frustradas que terminaron viviendo en esta ciudad de clima tropical incluso en sus peores inviernos, mientras todo eso sucede un estruendo se escucha en la sala de un hospital, la luz es la misma, el viento apenas entra por las ventanas pero el sonido es diferente, es el sonido del metal de una camilla, de pasos apresurados, de movimiento sin fin, es el murmullo de la emergencia.

Un vistazo fuera del consultorio y queda claro mamita que es lo que pasa, vas a parir y no nos habías avisado, carajo un silla de ruedas no es el mejor lugar para dar a luz a tu bebe, hay quienes creen que nacer mirando para arriba augura buenas cosas, pero nacer con la madre sentada eso no creo que tenga muchas creencias, no creo que sea posible. Ya está, la camilla la sostiene y un grupo de personas adultas, capaces y algo conmocionadas la rodean, un par de guantes por favor y una cabeza que asoma, a nadie le gusta la descripción escrita de una vagina por fuera de los relatos eróticos pero  esta se ensancha para que salga algo del tamaño de ¡una cabeza! Un de las grandes, no de las pequeñas que los hombres gustosamente se dedican a hacer entrar.

Tranquila doctora, dice un voz, las manos enguantadas, la señora que llora, es morado, baboso lo recubre una capa blanca de aquello que nos ha dado por llamar vermix caseoso, cójalo que se resbala, suave que se desgarra, sigue el cordón y no hay con que ligar, no hay afán es sangre de más y le evita la anemia, tranquila doctora llevémosla para atrás, un llanto se oye, uno nunca oído antes, el primero de ahora, el primero de muchos, un niño llora como quien llora buscando a mamá “Tranquilo muchacho, nació sin problema, esa compresa te aprieta, es fea, no dice te amo, pero te prometo que un rato la va a remplazar la dueña de unos brazos que naciste buscando, si señor, te van a abrazar”

¿En cuánto está? Nueve es la respuesta, la doña se queja, no mucho, no tanto, ya conoce de esto, ya sabe del asunto, sabe más de embarazos de lo que saben la mitad en la sala, no es ginecóloga pero después de ocho partos juro que es experta, ella es una maquina, es una productora, un central de muchachos que andan jugando. La historia es parecía, pero no hay estruendos ni gente corriendo, nadie se conmociona, todo va lento, es un ambiente controlado, todos estamos preparados, la cosa es fácil, la doña se ayuda, baja un poquito, le falta bastante no puje un momento, puje ahora. 
No la pasamos a donde será el parto, aguante un momento, orina y no es lo único que sale, segunda cabeza en el día que asoma en un una camilla, no estaba en el libreto, pero de nuevo Tranquila doctora, sentencia la voz, la cabeza gira, salen los hombros se viene el cordón, ya el resto es nada vienen las piernas, ha llegado el momento, tomo unas pinzas esperando que sean las apropiadas, presiono el cordón y con eso corto el flujo, desde ahora you are by your own, baby, dice la placenta como quien no quiere la cosa, comentario de celosa porque a ella no le toca la vida. Una pinza más, se corta el cordón, la niña, que es niña carajo, morada como todas, se mueve, llora y respira, orina en un rato, todo normal, nació grandecita pero nada especial, se irá para casa y mamá sabe como es esto, no hicimos mucho y aun así nos sentimos como si hubiéramos hecho todo.

Un nuevo primer llanto jamás escuchado y el bebé que toma un aire que nunca antes había respirado ¡Decile adiós a nadar en orines, por muy sorprendido que estés acá respiramos el aire, nos alimentamos y cada quien anda por su propia cuenta!

Más de 300.000 nuevos seres humanos llegan al mundo por día, luce terrible con esta desolación de un mundo con demasiadas ganas y pocas ideas, con deseos pueriles y gentes inmaduras. Más de 300.000 nuevos seres humano llegan al mundo por día, hoy vi llegar a dos y qué bella que es la vida.

lunes, 30 de abril de 2012


Alzados en armas en un hospital.


"There’s a man going around taking names
And he decides who to free and who to blame
Everyboy won’t be treated all the same"
Johnny Cash

Seis pisos, tengo que bajar seis pisos para salir de este hospital, para correr hacia la puerta y no escuchar más llantos, para dejar la pobreza y la desigualdad atrás, ah no! Que esas están en todos lados. 

Seis pisos de interminables escalares tengo que surcar, las bajo corriendo como suelo hacer algunos días, buscando salir del tono halógeno que tiñe el piso por la iluminación que no dan las escasas ventanas y que suplen con dificultad las bombillas que pueden perfectamente llevar mucho tiempo sin cambiar, tengo la esperanza de salir y aún ver el sol, que el cielo esté iluminado, que las hojas de los arboles sigan dejando pasar un poco de luz y tiñan de verde y marrón la salida inmediata del hospital, que aun pueda ver los picos de unas montañas no tan lejanas, casi como si pudieran tomarse entre las manos, casi como si pudiera volar y en menos de cinco minutos llegar hasta allá.

Acá, adentro, la vida es distinta, el ciclo de vigilia sueño se altera, al cansancio no le importa si es de noche o hay luz solar, la vida se rige por un tono halógeno demasiado aburrido, demasiado sepia, carente de un revelado que le un tono de diversión singular.

Para salir usualmente cruzo el pasillo de la sección high del hospital, que curiosamente suele apostar en sus pasillos a individuos armados, vestidos, qué digo, uniformados con un militar,  un camuflado azul militar, que no tengo idea en que entorno distinto a la profundidad del mar los puede camuflar, siempre están armados, siempre está sentados a la entrada de algunas salas del hospital y es que aquí se atiende de todo, desde buenos hasta malos tipos y no somos los humanos con nuestras armas quienes para juzgar quien es bueno y quien profesa el mal, pero entre más son los azules “camuflados”, más tiendo a polarizar mi opinión sobre el tipo que tienen como deber cuidar.

Alzados en armas nos encontramos en un hospital, no importa si es revolver, mini uzi, changón o puñal, no importa si es con lapicero, una mala cara o la costumbre de no contestar al buenos días usual. Bajo las gradas con el lapicero guardado, mi mala cara dejada atrás, mi martillo en la maleta y el aparato azul de apretar los brazos en un bolsillo difícil de encontrar, conservo un par de guantes pero take it easy hermano que a nadie más quiero tactar. Mi mal genio se quedo atrás, me voy para mi casa, me voy a descansar, no puedo estar menos armado que cuando voy saliendo en busca de libertad, pero un suceso me detiene, el andar de un hombre que no tiene libertad, su expresión es de suma incomodidad, su muñecas se encuentran atadas, es de los hombres que tienen permitido tener esposas en plural, no hay mucha diferencia con la impresión general de un matrimonio convencional, de estas esposas el tipo tampoco se puede librar. No es solo su andar, el de alguien que no se quiere notar, es el saber que es imposible que nadie lo voltee a mirar, que hay cuatro o cinco hombres a su alrededor, con el como punto central, que hay hombres vestidos de azul, camuflados, serios y con cara de no te acerques por acá, que por su causa hay cuatros hombres camuflados de azul entre las paredes blancas y sucias de un hospital, que a su alrededor hay hombres alzados en armas en un hospital.

No me detengo más, en esta ciudad es muy fácil que empiecen a matar, este es templo de vida diría un idealista, de muerte controlada diría un pesimista, de un hacemos los que podemos el desprevenido que habla sin complicarse al pensar, no me quiero quedar a ver si me pueden salvar, me voy que el plomo es frío y yo podría tener pesadillas con que alguien me quiera matar, me voy que hay hombres alzados en armas en un hospital.

domingo, 29 de abril de 2012


El Llanto de los No Nacidos

“Una nada
fuimos, somos, seremos,
floreciendo:
rosa de
nada, de nadie
.” Paul Celan

No me cabe duda, esa es una camilla horrorosa, vos estás tan asustada, tan temblorosa y te traen en esa camilla horrorosa, no se si comenzaste a pensar al momento de llegar que cuando te dijeron acuéstese por acá por favor y te mostraron ese trozo desnudo de metal, reconsideraste la idea que tuviste de que aquí era donde te iban a curar.

Soy yo y unos cuantos más apresurados por preguntar, la señora no es la primera en llegar, no será la última, pero es la primera que voy a atender, qué es preguntan a mi lado, y la verdad no sé, recién nos cuentan, parece un ser humano, aparenta ser una mujer pero en estos tiempo nunca se sabe, aunque pensándolo bien que avise de una vez que Urología está 6 pisos más abajo. Hago mi aproximación mental más esforzada en base a mi detallada observación, es una mujer, más joven que vieja, más asustada que joven, acostada sin remedio en un trozo de metal desnudo, frío como las paredes de este hospital, que camilla horrorosa en la que te ha tocado descansar.

Él es tu compañero, perfecto, trae papeles y maleta, bien pueda colóquelos donde pueda y que pena caballero no lo quiero importunar, pero en este consultorio no puede estar, si cierro la puerta afuera no me puede esperar, ¿ve la puerta de más allá y la que le sigue si camina dos pasos más? Detrás de esa puede aguardar, no tengo ni idea que tiene su esposa, pero créame que intentaré ayudar.

Vamos a ver ¿Qué te trae por acá? Ese temblor no es normal y sí, te estoy apretando el brazo para ver que no te me vayas a desmayar, tu corazón late y las cosas no lucen tan mal, tu rostro me apremia y tus vasos me frenan, después de todo parece que no es tanto lo que me tengo que apurar.

Que curiosa condición, hoy ella se encuentra en embarazo con la ilusión, obligada, de cambiar pañales de aquí a unos meses y para llegar hasta allá es ella la que hoy pañales debe usar. Pero no es por las razones correctas ¿Cuántos meses 6? Espéreme que me ponga quisquilloso que con semanas y días le voy a calcular, según información en un papel, cuando tiempo lleva creciéndole la barriga y el ser que adentro se empeña en crecer.  Y entonces me cuenta lo que le pasó, y no sé si está asustada por ella o por lo que le puedo decir que llega a significar, la sangre, aquella maldita, alarmante e histórica generadora de miedo y llanto en la historia de la humanidad, nunca nos ha gustado la sangre, a menos que sea azul, que dicen los cuentos es de príncipe, decimos los médicos de una mala oxigenación arterial.

Nadie quiere sangrar, nadie, pero carajo, nadie que quiere un niño en su futuro quiere sangrar en el embarazo, si está pipona lo que espera es que le dan ganas de comerse a mordiscos una ahuyama a las tres de la mañana, está dispuesta a engordar, a vomitar si hace falta, a retomar la ahuyama para luego odiarla y pasar al helado de melocotón para desayunar, ella está dispuesta al “Ahora no mijo, guarde la ganas que le hace daño al niño” pero no está dispuesta a sangrar, la sangre sirve para estar roja, en eso que llaman los vasos, intracorporal, para que la chucen por los exámenes del control prenatal, pero definitivamente no para que salga vía transvaginal.

Un condón caballero, le digo después de haberlo hecho llamar, no le puedo decir nada de su esposa y él, muy cordial y comprensivo, no me pregunta nada distinto a un ¿Necesitan algo más?

¿Con ella qué es lo próximo en pasar? Bueno se viene el aparatejo ese metálico y frío y con pinta de pico de palmípedo, pero de uno bien grande y plateado, no quiero describir que vamos a hacer, pero tenemos que mirar, la sangre sale, sí eso está claro, lo podemos constatar, una palabra que empieza a rondar, no pienso muy fuerte, no quiero que a la señora le dé por poderme escuchar.

Se pasa para eco, vístase, no qué digo, que envuélvase en esa manta no más, acuéstese por acá, mire el condón por acá, y vamos a mirar, usted tranquilícese que el monitor nos dirá. Su bebé, no sé, nos da para pensar, llega alguien más, el monitor responde cuando el caribeño hombre con su mirada lo empieza a interrogar. “Su feto está muerto señora, la tenemos que legrar”. Y ella llora y eso no formaba parte del plan, el alto caribeño se va y me quedó yo con uno más y ¡qué carajo! ¿Cómo la vamos a consolar? Es el llanto de los No Nacidos, es el llanto que él nunca pudo y no podrá llorar y que su madre por él llorará, llora ella por él y por todos los demás, “mi bebé, Dios mio” y no somos Dios como para responder, pero nos da por aventurarnos a intentar explicar, la naturaleza es sabía y frases de cajón empiezan a aflorar, yo sé que es duro y lo siento, pero mañana el resto lo tenemos que sacar.

Es el llanto de los No nacidos, y venga usted caballero, es su turno de consolar, llore usted con ella, hágame la caridad, necesito irme del cuarto que yo, yo no quiero chillar, es el llanto de los No Nacidos y a todos nos da por empezar a llorar.